En una ocasión Jesús iba en una barca con sus discípulos, iba durmiendo, mientras los discípulos se hacían cargo de la embarcación. De pronto empezó una fuerte tormenta y los discípulos asustados corrieron a despertar al Señor diciendo: “¡Señor, sálvanos, que perecemos!” Y el Señor reprendió al viento y a las olas, y cesaron. Y entonces el Señor les pregunta: “¿Por qué temen, hombres de poca fe? ¿Cómo no tienen fe? ¿Dónde está su fe?”

Y es que el Señor había ya delegado en ellos autoridad, los discípulos lo habían acompañado ya por algún tiempo y sabían cómo funcionaban las cosas del Reino. Sin embargo no tuvieron el valor de poner en práctica su fe, si ellos lo hubieran querido habrían podido calmar las aguas, pero fueron vencidos por sus temores…

Y muchas veces, nosotros que conocemos al Señor, que hemos visto sus maravillas, que vivimos bajo su manto de misericordia, también dudamos. La duda es incompatible con la fe. La fe, es una certeza, una convicción; el que duda peca porque no actúa con fe, y todo lo que no proviene de fe es pecado, y no lo digo yo, lo dice la Escritura: Rom.14:23.

Tener fe, no es solamente un decir. No es decir, “yo creo” o “yo tengo fe”. Tener fe es actuar conforme a esta fe. La epístola de Santiago nos enseña que la fe se perfecciona por las obras Stgo.2:22. Los discípulos del Señor cuando recibieron el llamado a seguirlo, lo dejaron todo, incluyendo su trabajo que era fuente de sustento para ellos y para sus familias. Lo dejaron todo para seguir a un hombre que no tenía ni donde recostar su cabeza (Mt. 8:20). Con esto no digo que debas renunciar a tu trabajo para dedicarte a las cosas del Señor, supongo que dependerá del llamado que has recibido. Pero sin duda afirmo que seguir al Señor implica un acto de fe, de renuncia, de entrega total. A veces esto puede parecer atemorizante, como lanzarse al vacio, o caminar con los ojos vendados, pero si tu confianza está verdaderamente puesta en el Señor. ¿de quién habrás de atemorizarte? ¿de qué habrás de temer?

Jesús decía que “si puedes creer, TODO es posible al que cree.” (Mr.9.23). El fracaso, la derrota, no son opciones para el creyente, pues la senda de los justos es como la luz de la aurora que va de aumento en aumento, hasta que el día es perfecto. (Pro. 4:18).

Alguna vez escuche decir a un hermano, que la diferencia entre el cobarde y el valiente es que el cobarde por temor deja de hacer las cosas, mientras que el valiente se sobrepone al temor y logra hacer lo que se ha propuesto. Ambos se enfrentan al temor, pero el valiente lo vence.

Mi pregunta para ti hoy es ¿eres tú de los que son vencidos por el temor? ¿o bien eres de aquellos que valientes que vencen el temor y alcanzan las promesas?

Mi amado hermano, no seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.

Una oración para hoy:
Amado Padre, toda gloria sea para ti. Ruego hoy porque tus hijos seamos fortalecidos en tu poder y podamos ser levantados como valientes siervos del Dios Altísimo, que no seamos vencidos por nuestros temores, sino que nuestra fe se vea perfeccionada por nuestro actuar. En el nombre de Jesús. Amén.

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