Dios de milagros
El pasado domingo tuve el privilegio de compartir la Palabra en la congregación. Hablé del poder de Dios para obrar grandes milagros en la vida del creyente y de la necesidad del creyente de enchufarse a dicho poder. Hoy doy testimonio del Poder de Dios para obrar Milagros.
Hace apenas una hora, un automovil gris tipo Jeep placas 482CLX me chocó intencionalmente. Se atravesó frente a mí abruptamente, tuve que frenar de repente y junto conmigo todos los carros que venían detrás. Instintivamente bociné (una imprudencia quizás en este país) así que los (al menos) dos hombres en el carro bajaron sus ventanillas, sacaron sus manos para hacer malas señas, gritaron algo seguramente ofensivo, pusieron reversa y se se abalanzaron sobre mi pequeño carro dándole un duro golpe. En seguida avanzaron y un poco más adelante se aorillaron y se detuvieron. Yo me detuve detrás poniendo mis luces de emergencia y esperé a ver qué hacían, mientras marcaba un número de teléfono para que alguien apuntara el número de placa (posiblemente hubiese sido más simple escribirlo yo mismo, pero estaba extremedamente nervioso). De pronto, conectan de nuevo el carro en reversa, me vuelven a dar un durísimo golpe y salen huyendo y a más de 100Kms/hora desaparecen de mi vista.
Regreso a mi casa, pensando en dos cosas: 1ero – ¡Gracias a Dios no me sacaron una pistola y me balearon! No sería el primero al que tal cosa le sucediera. Y 2ndo ¿Cuánto me irá a costar la reparación del carro? Pues hasta el momento no había podido ver los daños.
Al bajar del carro y dirigirme hacia el frente, de repente noto algo muy extraño… El carro está intacto, ni un rasguño.
En esta tarde, el Señor guardó mi vida y por si esto no fuese suficiente, también mi carro. Su misericordia me alcanzó, su poder me cubrió y estoy convencido que ángeles me acompañaban. ¡Hoy he visto un milagro en mi vida!
Toda la gloria sea para el Rey de Reyes y Señor de Señores, para el Dios único y eterno, para aquel que aun cuando estabamos muertos en pecado nos rescató y nos dio vida entregandose a sí mismo por su misericordia y su grande amor con que nos amó.





